El cuidador del zoológico y la cebra.

Un día de invierno, el cuidador del zoológico de la ciudad, se puso a conversar con la cebra más anciana y sabia del lugar. Aprovechando que no había gente presente por las bajas temperaturas, hablaron un largo rato de sus vidas, de sus logros y miedos.

En el medio de la charla, al cuidador del zoológico le surgió una duda, o mejor dicho, se le vino a la mente una duda que siempre había tenido desde chico, y que nunca se había animado a preguntar a nadie: “¿Las cebras eran blancas con rayas negras, o negras con rayas blancas?” La pregunta parecía tonta, él ya lo sabía, pero aún así, sintió la necesidad imperiosa de preguntárselo.

_ Cebra, te tengo que hacer una pregunta_ Dijo el cuidador del zoológico de golpe.

_ Si, dime, ¿Qué me quieres preguntar?

_ ¿Las cebras son blancas con rayas negras, o negras con rayas blancas?

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_ ¿Acaso tiene alguna importancia que sepas eso?

_ En realidad no, pero siempre fue una duda que tuve desde chico. ¿Las cebras son blancas con rayas negras, o negras con rayas blancas?_ Volvió a preguntar el cuidador.

_ Sinceramente_ Comenzó a responder la cebra luego de aguardar en silencio por unos segundos_ No sabría decírtelo.

_ ¡Oh, vamos!_ Exclamó el cuidador que descreía de sus palabras_ ¿Cómo no vas a saber que eres?, ¡Eso es imposible!

_ Muy bien, vamos a hacer lo siguiente, yo te haré una pregunta a ti, y si la respondes bien te prometo que te diré si somos blancas con rayas negras o negras con rayas blancas. ¿Aceptas?

La cara del cuidador se iluminó, dado que estaba a unos instantes de saber la respuesta al gran interrogante que había tenido desde su infancia.  Estaba tan feliz de estar tan cerca de develar el misterio, que sintió que responder una simple pregunta no traería mayores inconvenientes.

_ ¡Por supuesto que acepto! _ Contestó el cuidador con tono confiado_ ¿Cuál es la pregunta?

_ ¿Tú eres una persona feliz con momentos de tristeza, o una persona triste con momentos de felicidad?

El cuidador se quedó en silencio, tratando de dar una respuesta auténtica y sincera. Analizó la pregunta, y las palabras le resonaban en la cabeza, al igual que el eco resuena en el corazón de la montaña. Miró a la cebra en un silencio que se hizo eterno, sin poder decir nada. En sus ojos, se notaba la expresión de la derrota, porque al cabo de un instante, se dio cuenta que no podía responder a la pregunta.

_ Sinceramente, no sabía decírtelo.

_ Perfecto, ahora me entiendes_ Sentenció finalmente la cebra más anciana y sabia del zoológico.

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